Hegemonía = Educación

El Estado despótico se presenta directamente en ciertas acciones,

como en el caso de la organización mecánica del trabajo;

pero el “molino de sangre” será la figuración indirecta en la que ese Estado se refleja.

– Immanuel Kant

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El poder es la negación de la política. Y los mecanismos de poder son la negación de la afirmación política. La política tiene presencia y existencia propias y es no representable. El “molino de sangre” es la representación política y, en tanto que es representación, es irreal. Porque ya no hay relación directa de una situación con una acción, de una acción con una situación. O, como escribió Rimbaud en Los sentados, tiene una mano que es invisible y que mata.

La etimología griega de hegemonía es conducir, ser jefe o guía, guiar, estar al frente, gobernar. Se trata de un término militar: el hegemone era el comandante del ejército. E igualmente para la etimología latina de educación y griega de pedagogía para con la infancia o infantería. De hecho, la educación es la legitimación del maltrato, y la escolarización su institucionalización.

Antonio Gramsci decía que la hegemonía es el poder adicional que goza el grupo dominante para hacer coincidir sus intereses con el interés general. La dominación, por el contrario, es lo que Talcott Parsons llama deflación del poder, es decir, cuando el poder sólo se puede garantizar mediante la coacción. Si los gobernados tienen confianza en los gobernantes, se puede gobernar; se puede ejercer el poder sin acudir a la coacción. Contrariamente, cuando la confianza se desvanece, lo que tenemos en todo caso es coacción sin hegemonía.

Las corrientes de pensamiento en la línea de Gramsci creen que todo es político, así como que la única filosofía es la historia en acto, según dicen, la vida misma. En este sentido interpretaban que la elaboración teórica y la realización de la hegemonía realizada por Lenin se convirtieron en un gran acontecimiento metafísico (o del punto más alto de la filosofía). De esta manera se sintetizaba teoría y práctica o acción política, de igual modo que el proletariado alemán aplicó en la práctica las tesis de la filosofía clásica alemana y superó las contradicciones de clase e ideológicas que no podían ser resueltas en el plano del pensamiento especulativo pero sí por la vía revolucionaria a través de una nueva sociedad: la comunista. Sobre Feuerbach, Marx dijo que los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo. Este es el paso de la filosofía especulativa a la política o acción revolucionaria. Así, la hegemonía del proletariado representa la transformación o construcción de una nueva forma de vida en todos sus sentidos.

Gramsci echaba de menos en el Renacimiento italiano la convulsión de los estratos más profundos de la sociedad, de las masas campesinas, que sí incidió en la estructura económica y política y en la orientación cultural y teórica de la sociedad francesa por su Revolución y de la alemana por su Reforma protestante. Se trata del carácter restaurador del humanismo, es decir, de la preocupación por los iguales -en lo referente al pensamiento de las orientaciones teóricas y del modo de conocer el valor gnoseológico o cognoscitivo de la base económica que determina la compleja superestructura de las relaciones de producción y de cambio en el proceso a través del cual se forman las ideas y las concepciones del mundo. La realización del aparato hegemónico es un hecho filosófico porque crea un nuevo campo ideológico, determina una reforma de la conciencia y nuevos métodos de conocimiento. La filosofía reside en la política, cuyo momento culminante es la revolución, la creación de un nuevo Estado, poder y sociedad. El filósofo es el político en su calidad de transformador. Para Gramsci, este es el valor esencial de hegemonía en Lenin, el carácter central de la Revolución de octubre y de la dictadura del proletariado. Es decir, aquí es donde se anuda hegemonía y dictadura, Educación: una serie de objetivos que el educando (la infantería social) debe lograr. La dictadura del proletariado es la forma política en la que se expresa el proceso de conquista y de realización de la hegemonía: capacidad de dirección para proporcionar una base social al Estado proletario. La hegemonía se realiza en la sociedad civil mientras que la dictadura del proletariado es la forma estatal que asume dicha hegemonía o, como escribió Lenin, la dirección de un determinado tipo de alianzas. Mientras la lucha del proletariado por la libertad política era revolucionaria, la lucha de la burguesía era oportunista porque tendía hacia la “limosna”, hacia la división del poder con la autocracia y la clase de los propietarios terratenientes. La burguesía o capitalismo ruso, fue la disgregación de la comunidad campesina ligada a los estamentos feudales que subsistían al zarismo. Era débil porque no tenía capacidad para consolidarse en forma autónoma y conducir su revolución a un desenlace democrático consecuente; se habría detenido a mitad de camino, en el compromiso con el zarismo y la aristocracia feudal. Lenin creía que si el capitalismo se desarrollaba por la revolución de la burguesía, dominada por el compromiso, se darían las condiciones más difíciles para el proletariado. Pero, si la revolución burguesa se daba bajo la dirección del proletariado, las condiciones del capitalismo serían menos desfavorables para la democracia socialista. Así, en Dos tácticas de la socialdemocracia, Lenin escribió: No aplazamos la revolución social, sino que damos el primer paso a la misma por la única senda certera, la república democrática.

La revolución burguesa no rebasa el marco del régimen socioeconómico capitalista sino que expresa las necesidades de su desarrollo ensanchando y profundizando las bases inevitables del capitalismo: no expresa sólo los intereses de la burguesía sino también los de la clase obrera. Una de las tesis elementales del marxismo es la inevitabilidad del desarrollo capitalista en el terreno de la producción mercantil, enseñando que una sociedad fundada en la producción mercantil y que tiene establecido el intercambio con las naciones capitalistas civilizadas, entra inevitablemente y por sí sola en la senda del capitalismo. Lo que explica el celo de Lenin es la etapa de la historia rusa del capitalismo como hecho progresivo y no reaccionario. En esta línea, el desarrollo capitalista es necesario para destruir los vínculos de la sociedad feudal, para desarrollar las fuerzas productivas y, por consiguiente, para desarrollar el proletariado que condicionaría la revolución socialista. Mas la revolución democrática es más ventajosa para la burguesía aunque permite al proletariado que desarrolle su propia lucha frente a las limitaciones formales de la propiedad privada de los medios de producción. De este modo, la dialéctica leninista razona que la burguesía debe temer que el desarrollo de su propia revolución ponga en peligro el poder y la propiedad privada. Así, Lenin afirma que por eso la revolución burguesa es beneficiosa en extremo para el proletariado en su lucha por el socialismo. He aquí la relación democracia-socialismo, el desarrollo de la democracia, aun dentro de los límites burgueses, como condición de lucha y de pasaje al socialismo.

El proletariado no tiene nada que perder, más que sus cadenas; tiene, en cambio, un mundo que ganar mediante la democracia. Por eso, cuanto más consecuente es la revolución burguesa en sus transformaciones democráticas, menos se limita a lo que beneficia exclusivamente a la burguesía. Cuanto más consecuente es la revolución burguesa, tanto más garantiza las ventajas del proletariado y de los campesinos en la revolución democrática. El marxismo no enseña al proletariado a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en ella, a entregar su dirección a la burguesía; por el contrario, le enseña a participar en ella del modo más enérgico y luchar con la mayor decisión por la democracia proletaria consecuente, por llevar la revolución hasta el fin…

De aquí la necesidad de la hegemonía, es decir, de la capacidad dirigente del proletariado en la etapa de la revolución democrático-burguesa. Desde el punto de vista proletario, la hegemonía pertenece en la guerra a quien lucha con mayor energía que los demás, a quien aprovecha todas las ocasiones para asestar golpes al enemigo, a aquel cuyas palabras no difieren de los hechos y es, por ello, el guía ideológico de la democracia, y critica toda ambigüedad. Es la hegemonía concebida como dirección de la conciencia de clase. Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática refleja un aspecto esclarecedor para comprender la noción leninista de la hegemonía: la derecha del partido obrero socialdemócrata se reclina en la burguesía porque teme que, si los campesinos entraran en masa en la lucha revolucionaria, ésta, la burguesía, se espantaría y se retiraría de la lucha revolucionaria haciéndole perder amplitud. Es útil y necesaria la participación socialdemócrata en el gobierno junto a fuerzas democrático-burguesas, bajo ciertas condiciones programáticas, de autonomía de la socialdemocracia, de control del partido sobre la actuación de los ministros socialdemócratas, para consolidar los resultados de la revolución y defenderlos mejor. Se ha de actuar por abajo siempre y desde arriba cuando sea posible. Hacerlo sólo desde abajo sería anarquista. La derecha socialdemócrata se apoya en la autoridad de Plejanov porque, durante la revolución de 1848 en Alemania, Marx no sostuvo nunca que los comunistas debiesen participar en el gobierno con fuerzas democrático-burguesas. Lenin observa que Marx parte de que la revolución burguesa estaba ya próxima a su culminación y fue derrotada porque la clase obrera estaba débilmente organizada por haber permanecido a remolque de la burguesía y por haber carecido de su propia autonomía política u organizativa. Sin embargo, Marx emerge de la urgente necesidad de conquistar la autonomía política del proletariado dándole una organización independiente. Contrariamente, en la Rusia de 1905, la revolución está en ascenso gracias a la activación de la lucha proletaria relativamente organizada en la socialdemocracia rusa. De esta manera, el análisis real es el método correcto para impulsar la revolución consolidando los resultados con la posible participación en el gobierno. Así, Lenin dijo que el análisis concreto de la situación concreta es el alma viva, la esencia del marxismo. Pues no hay marxismo sin esta capacidad de lograr la concreción histórica. Y observó que Plejanov no dijo una sola palabra de las condiciones concretas -cuando de lo que se trata es de comprobar qué desarrollo ha de aportarse a las formulaciones de Marx. Por lo que Lenin habló de un desarrollo autónomo del marxismo en Rusia.

Con el fin de un objetivo político preciso, Gramsci plantea problemas teóricos concretos siguiendo la relación entre cultura y pueblo, el proceso de formación del Estado italiano, la historia de los intelectuales italianos y sus relaciones con las masas. La constante en su análisis es el problema de la hegemonía: cómo se efectúa la de una clase, cómo ha de conducirse a la del proletariado y cuáles son sus problemas específicos en la Italia de aquel momento. Análogo a la mentalidad de Lenin, el método utilizado da sentido a la concreción del proceso e importancia al sujeto histórico, al partido y a la conciencia de clase para la iniciativa política y teórica revolucionaria. Afirmaba que el humano, por poseer un lenguaje y participar del sentido común, es filósofo. Croce lo planteaba en abstracto refiriéndose al hombre en general, mientras que Gramsci lo liga a la vida cultural de las clases subordinadas recordándonos que también tienen su concepción del mundo. Observaba que en toda persona está presente una conciencia impuesta por el ambiente concurrido por influencias contradictorias acumuladas a través de estratificaciones sociales y culturales diversas. No se trataría del alma de esencia autónoma de Aristóteles, sino de una conciencia de relación social. Así, ante la conciencia subordinada e ignorante por su espontaneidad, el problema es elaborar la propia concepción crítica del mundo para participar activamente en la elaboración de la historia del mundo siendo guía de sí mismo y no aceptar pasiva y supinamente la huella que se imprime sobre la propia personalidad.

Las clases subordinadas participan de una concepción del mundo impuesta por las clases dominantes, cuya ideología no corresponde a la función histórica e intereses de las clases dominadas. La clase dominante construye su propia influencia espiritual, su capacidad de plasmar la conciencia de toda la colectividad, su hegemonía. Esto es la educación: la función de elaborar el modelo que satisfaga a la demanda -a través de canales propagandísticos como lo son los padres, la escuela, la religión, la prensa y demás medios de comunicación masivos. Las reivindicaciones necesarias de las clases dominadas están en contradicción con la concepción del mundo en que han sido educadas, por lo que la filosofía real está implícita en la acción política. Esta incoherencia en la manera de actuar está desarticulada porque la acción coherente exige ser guiada por una concepción del mundo de visión unitaria y crítica de los procesos sociales. El problema aquí es hacer explícita la filosofía que está implícita en la acción. Por lo que es preciso hacer la crítica de las concepciones encubiertas de las clases subalternas para superarlas y construir una concepción nueva en la que se establezca la unidad entre la teoría filosófica y la práctica política. De hecho, las clases subordinadas lo seguirán siendo mientras no avancen en dicha unificación. Gramsci orienta el buen sentido (común) por una profunda preocupación sobre las relaciones de la cultura con las grandes masas y con su manera de sentir. Ya que la hegemonía es la capacidad de unificar a través de la ideología y de mantener unido un bloque social heterogéneo y marcado por profundas contradicciones de clase. Por ende, una clase es hegemónica mientras con su acción política, ideológica y cultural mantiene junto a sí un grupo de fuerzas heterogéneas impidiendo que las contradicciones produzcan una crisis de poder.

La hegemonía de las clases dominantes italianas ha sido siempre parcial. Una mediación esencial de esta hegemonía es la Iglesia católica, preocupada por mantener en un bloque único a las fuerzas dominantes y a las subordinadas utilizando dos teologías: una para la gente sencilla, el catecismo y la prédica del cura párroco, y la otra para los intelectuales, a los cuales les consentía una interpretación distinta de la teología. Por tanto, una de las mayores debilidades es no haber sabido crear unidad ideológica entre los de abajo y los de arriba para conducir una profunda transformación del modo de sentir y de actuar de las grandes masas. No obstante, Croce y Gentile afirmaron que la religión no es más que una forma de mitología que, tras la reforma escolar, debía enseñarse a los niños y a las masas incapaces de elevarse hasta el saber crítico de la filosofía. Así, la religión media entre los intelectuales y las masas para mantener en posición subalterna el nivel popular. Las universidades populares, inspiradas en un marxismo contradictorio y deformado en el sentido positivista, eran un movimiento ecléctico también incapaz de elevar al nivel crítico la conciencia popular. Gramsci decía que se actuaba como aquellos exploradores que dan chucherías a los salvajes para obtener en cambio pepitas de oro de ellos.

La política media entre los simples y los intelectuales a través de la experiencia que se desarrolla en ella, permitiendo a las masas superar su visión no crítica. La posición del marxismo es antitética a la católica, porque conduce a los simples hacia una concepción superior de la vida. Y afirma la exigencia del contacto entre intelectuales y simples, para construir un bloque moral que haga posible un progreso de masas. El marxismo expresa los intereses, las reivindicaciones y la función histórica del proletariado, guiándolo a asumir la función dirigente y construir una nueva cultura reformada hegemónicamente. Pero la unidad teórico-práctica no es dada mecánicamente, ya que parte de la independencia instintiva, sino el resultado del proceso de formación de clase. La teoría revolucionaria proviene del exterior de la clase obrera, elaborada por intelectuales. La hegemonía o educación es el proceso de formación cultural, para superar las contradicciones sociales entre teoría y práctica. El unificador, demiurgo o educador, para Gramsci es el partido, el príncipe moderno…

Makiavelo es el teórico del Estado unitario moderno, transmisor de la experiencia monárquica para superar la crisis social. Su mecanismo de poder parte de que la política tiene una autonomía propia, obedece a sus propias leyes, que no derivan de la moral sino que fundan una nueva moral inmanentista, cuyo fin es la salvación del alma de la colectividad estatal. El partido es el gran reformador intelectual para crear la voluntad colectiva que prefigure la sociedad del mañana. El partido es ilusión, disciplina y nacionalismo. Y su elemento principal es el capitán que crea el ejército; el educador que encabeza la infantería. Porque el partido se construye de arriba abajo por la exigencia de poner de relieve el conocimiento crítico -entendiendo por arriba el congreso como instancia suprema de síntesis crítica general. Mas la tendencia de Gramsci es superar la distinción entre dirigentes y dirigidos para con una sociedad plenamente unificada no antagónica y basada en el autogobierno. Por consiguiente, todos los adherentes al partido lo serían en calidad de dirigentes, con la finalidad de idealizar la intervención crítica del sujeto revolucionario, salvando la deformación positivista del marxismo y su rigurosamente determinado materialismo mecánico que todo lo reduce a la economía perdiendo de vista el momento de la lucha ideológica que ya para Engels era el tercer frente junto a la iniciativa política y económica. Sin embargo, Lenin negaba que la caída de la burguesía fuese fatal, ya que una iniciativa revolucionara objetivamente determinada impediría que el capitalismo superase su propia crisis.

El mecanicismo es la expresión de una clase que permanece subordinada porque piensa que su victoria se debe al curso objetivo de las cosas y a no a su función histórica, situándose en el devenir obligatorio de la sociedad. Mas también aparece como una fuerza inmanente capaz de cambiar el modo social de ser, provocando una revisión del pensamiento que, tras la superación del determinismo mecánico, nos convertiría en dirigentes. Y el camino para la superación del mecanicismo es la difusión del marxismo genuino que establece una efectiva unidad entre la acción de las masas y la teoría de los intelectuales. De esta forma se entiende la importancia que Gramsci daba a la difusión de las conquistas culturales y de la teoría revolucionaria, para que los descubrimientos originales se conviertan en patrimonio de las masas a través de la obra pedagógica y organizadora en la que se haya implícita la filosofía de la época.

La sociedad como bloque histórico construido hegemónicamente está formado por la estructura económica y la superestructura política y espiritual. El proceso de formación y disolución de las hegemonías en función de la superación del mecanicismo que da lugar a que una clase se convierta en dirigente, ha de ser previo a la conquista del poder gubernamental. La supremacía es dominio y dirección o hegemonía, tras haber sido clase subordinada. Y entra en crisis cuando mantiene el dominio pero disminuye la capacidad dirigente para resolver los problemas de la colectividad y su concepción del mundo comienza a ser rechazada perdiendo adherentes en vez de conquistar nuevos. Marx presentaba la crisis revolucionaria esencialmente como crisis de la estructura económica: contradicción entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas. Gramsci consideraba la crisis revolucionaria al nivel de la superestructura como crisis de la hegemonía que abarca a toda la sociedad o bloque histórico.

Los intelectuales son el cemento del bloque político, ya que la hegemonía se construye si tiene elaboradores ideológicos empleados y persuasivos. Dan a la clase económicamente dominante la conciencia de sí misma en su función social y política, otorgándole homogeneidad a su dirección. Los técnicos y científicos ligados a la producción son los intelectuales orgánicos del capitalismo industrial. Todo grupo social que elabora su propia hegemonía ha de esforzarse en asimilar a los intelectuales precedentes, tradicionalmente humanistas, para explotar mejor a sus propios intelectuales orgánicos. En el capitalismo, mientras los intelectuales urbanitas u orgánicos tienen una relación más estrecha con la producción, los intelectuales tradicionales tienen una relación más mediata, pero desempeñan en mayor grado que los intelectuales orgánicos una función de mediación política. Los partidos elaboran orgánica y rigurosamente sus propios intelectuales proporcionándolos al Estado para asumir funciones estatales. Y cada miembro del partido es considerado un intelectual porque debe ejercer una modesta función dirigente y ser un educador de masas, un organizador.